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El presente documento es la
ponencia en portugués que con el título “Espacios e equipamentos de lazer
e recreação e as políticas públicas”
realizó el
Prof. Ademir Müller en el 14 Encuentro Nacional de Recreación y Lazer –
ENAREL, realizado en Santa Cruz do Sud, Brasil en Noviembre de 2002. Aunque no hay en castellano un
término equivalente al portugués LAZER, su sentido engloba a los nuestros de
ocio y recreación, que es el que se le da en la traducción RESUMEN
La cuestión espacial del ocio y la recreación, dentro de
la sociedad contemporánea, posee una complejidad que se origina en la
concentración urbana, se desarrolla y provoca consecuencias en la relación
existente entre los diferentes tiempos del hombre urbano - tiempo de trabajo,
tiempo liberado de trabajo pero no libre de obligaciones sociales, y tiempo
disponible para el ocio. La cuestión del espacio influencia sobremanera la actitud que las personas adoptan frente a
sus experiencias de ocio y recreación, que por su parte acarrean
repercusiones en las políticas públicas de ocio y recreación. El principal
objetivo de este texto es reflexionar sobre la toma de conciencia de la
importancia social del espacio como el eje de las relaciones de convivencia y
del papel que debe ser desempeñado por el poder público como creador,
mantenedor y animador sociocultural, de manera sustentable, de esos espacios. INTRODUCCIÓN
A la recreación y los espacios y
equipamientos para vivenciarla no se les entiende como algo esencial, no se
les presta la atención necesaria y tampoco se les asigna su real importancia
en una política de administración urbana, y, adicionalmente, son de los
elementos poco reivindicados por la población, al menos organizadamente. Esa
constatación aparece cuando recorremos algunas ciudades del Valle del Río
Pardo y notamos la escasez, el descuido y lo inadecuado de muchos espacios
públicos destinados al uso recreativo. Según Marcellino, citado por
Pellegrin (1996, p. 33): “El ocio y la recreación poseen un carácter “revolucionario”, pues
es en el tiempo de lazer, cuando se obtiene la vivencia de algunas cosas por
la voluntad y satisfacción de hacerlas, el encuentro con personas, con lo
“nuevo” y lo “diferente”, en que se encuentran posibilidades de
cuestionamiento de los valores de la estructura social, y de las relaciones
entre sociedades y espacio”. El espacio de recreación tiene
pues importancia social al ser un espacio de encuentro y de convivencia. A
través de ese convivir, puede acontecer una toma de conciencia, o el incitar
a la persona a descubrir que los espacios urbanos -equipados, conservados y,
principalmente, animados para el ocio y la recreación- son indispensables
para una vida mejor para todos y se constituyen en un derecho de los
brasileros. Según Bramante (1995, p. 14): “la pasividad de la población que no
reivindica (y que tantas veces no está preparada para reivindicar) del
gobierno acciones consistentes para el sector, redundan en frágiles políticas
de ocio y recreación, tanto en el nivel federal, como en el estadual y
municipal”. La
pasividad, acarreada por la aplicación de políticas paternalistas en el área
del ocio y la recreación, genera en las personas la tendencia a esperar que
le solucionen los problemas. La forma de gobernar a través de los despachos
no desarrolla una metodología de acción comunitaria, no asume el compromiso
de educar para y por el ocio y la recreación, y lleva a no preparar a la
población para que ejerza su ciudadanía. El análisis sobre el aspecto espacial del ocio y la
recreación, su problemática con relación al tiempo, la actitud y el espacio
dentro de la sociedad contemporánea, y el origen, desarrollo y consecuencia
de ese situación, tienen repercusiones en las políticas públicas. Y esto es
lo que pasaremos a abordar en este texto. LA TOMA DE CONCIENCIA DE LA
IMPORTANCIA DE LOS ESPACIOS DE OCIO Y RECREACION La opción del poder público
debería ser la de privilegiar servicios para la mayoría de la población,
ampliando su base de conocimiento de los contenidos culturales del ocio y la
recreación, pero sin descuidar el apoyo al desarrollo de experiencias de ocio
y recreación en diferentes niveles. Además de los espacios públicos
para el ocio y la recreación, se debe considerar que la casa es, o puede ser,
el principal equipamiento de ocio y recreación de las personas, ya que es en
ella en donde se pasa la mayoría del tiempo liberado del trabajo. En cuanto
al ocio y la recreación fuera de casa podemos verificar a través de la
investigación “Significado Político de Espacio: implicaciones para el lazer
en condominios, un estudio de caso” hecha por Pellegrin (1995), las
siguientes conclusiones a las que llega: a) La valorización de la calle en
cuanto espacio de ocio y recreación es un tema para el poder público. En las
ciudades grandes, que tienen pocos espacios públicos vacíos, muchas veces
falta seguridad en los equipamientos públicos de ocio y recreación, y el
transporte hasta ellos es limitado; b) Cabe a las Alcaldías, secretarias y
órganos públicos de la administración en general, buscar soluciones para que
se den las transformaciones y adaptaciones necesarias en el espacio de ocio y
recreación, de forma que la población sea involucrada en ese proceso. Debe
tomar nota de la apropiación que los ciudadanos establecen con el espacio
urbano, como espacio de ocio y recreación; c) Es necesario trabajar con
estrategias de acción que privilegien la participación de la población
(Pellegrin, 1996). Según Santini (1993), la sociedad actual precisa
observar y analizar la problemática espacial del ocio y la recreación. El
hombre se está limitando a un espacio mínimo para su supervivencia y ello
puede afectar su calidad de vida. Con el aumento de la población y una
concentración urbana exagerada, las áreas verdes y los espacios de ocio y
recreación son cada vez mas escasos. De allí la necesidad de una legislación
que proteja al medio ambiente y reserve áreas generosas en el medio urbano,
para que puedan ser planeadas las infraestructuras adecuadas para el ocio y la recreación y
los deportes. El aumento considerable de la población en el
medio urbano ocasionó la disminución del espacio disponible para la
realización del ocio y la recreación. Las áreas residenciales sufren una
disminución razonable de sus “territorios”, derivando en la restricción de
los espacios para ocio y la recreación. Hoy las familias tampoco disponen de
las calles de la ciudad para aprovecharlas como espacio de ocio y recreación,
pues estas ofrecen peligro y violencia. Con esa constatación, hubo una
variación en los hábitos de ocio y recreación y en las formas de relación
social. A partir de esto, se precisó desarrollar y valorizar el ocio y la
recreación individual, restringida y limitada a cuatro paredes (Neto, 1993). En el año de 1920 apenas el 10,7% de la población
residía en las ciudades. Entretanto, en 1991, el censo demográfico acusaba un
porcentual de 77,1% de los brasileros residiendo y trabajando en las
metrópolis (Pina, 1996). Conforme a Pina (1996), con ese aumento exacerbado
de la población en el medio urbano, el territorio pasa a ser solicitado por
un número creciente de habitantes y es necesario que existan más áreas y
sistemas operacionales de circulación, comunicación, energía, servicios y
otros. Con estos aspectos no solucionados, quedan reducidos gradualmente
tanto el espacio urbano como la calidad de vida de sus habitantes. Santini (1993, p. 34) afirma que “para la
supervivencia del hombre se hacen necesarios algunos elementos básicos, tales
como agua, alimentación y el aire. Muchas veces, sin embargo, nos olvidamos
de un elemento sin el cual el hombre no es capaz de vivir: el espacio”. El
espacio puede ser considerado como un sentimiento complejo. Es una exigencia
para la supervivencia de cualquier ser y es, específicamente para el hombre,
fundamental para su bienestar psicológico, además de ser una necesidad
social. El ocio y la recreación como uno de los principales
puntos para la calidad de vida, han pasado por transformaciones en la
relación ciudadano y espacio urbano. Como los espacios libres dentro de las
ciudades son cada vez menores, dado que las exigencias de espacio para fines
económicos y servicios aumentan significativamente, es inviable la libre
utilización de estos espacios por la población, pues son ambientes
controlados por terceros, no teniendo el ciudadano, autonomía para disfrutar
del espacio conforme su voluntad. Observando en especial la edad infantil, se
nota que el contexto urbano no tiene mucho espacio a ofrecer para que los
niños jueguen y se diviertan. (Pina, 1996). Según Santini (1993), el hombre transforma el
espacio natural, que se torna una apreciación cultural, pudiendo ser
organizado de diversas maneras conforme a la complejidad y sofisticación
tecnológica del grupo que en él se instala. Los principios básicos para la
organización espacial siguen factores como la postura y la estructura del
cuerpo humano. A partir de la experiencia de su cuerpo, el ser humano
organiza su espacio, observando sus exigencias biopsicosociales. Ese espacio
organizado y animado es el medio ambiente, el cual está constituido de un
medio físico, estético y psicológico. Así, conforme a Santini
(1993), en este contexto se observan relaciones humanas que se originan de
situaciones determinadas: Territorialidad – es la forma de defensa del territorio: el
hombre inventó varias maneras de defender lo que considera es suyo, como por
ejemplo, la propia tierra o su residencia, que está protegida legalmente por
las autoridades, existiendo así una gran diferencia entre propiedad
particular (un individuo) y propiedad pública (grupo); Distancia
crítica – es un espacio a nuestro
rededor que cuando es invadido nos incomoda: seria un espacio estrecho
separando la distancia de fuga de la de ataque. Se compara con el momento en
que una persona desconocida le pide una información pero se aproxima mucho a
su rostro. La reacción automática es apartarse. Esto seria la invasión de la
distancia crítica, que dependerá de la cultura, de la situación y de la
persona; Espacio
crítico – todos los animales
tienen una exigencia mínima de espacio, sin el cual la supervivencia es
imposible. El ser humano solo consigue vivir en multitud si tiene un
determinado desapego de ella. Solamente es posible una vida normal si ocurren
contactos con un número limitado de personas. El ser humano puede percibir la
situación de multitud a través de la temperatura. Las personas poseen un
campo térmico, así en el momento en que existe una multitud, esa temperatura
aumenta por causa de la intersección con la de los demás individuos. De ahí
que sea casi imposible el control social de una multitud agitada, la que
precisa de mayor espacio que una multitud fría; Alcantarillado
comportamental – una teoría
simplista para resolver el problema seria eliminar algunos individuos, mas
como eso es imposible se precisa tener una jerarquía social y una
organización. El ser humano necesita permanecer solo por algunos instantes,
no consiguiendo sobrevivir en total desorden en una aglomeración, pues el
desorden perjudica funciones sociales del hombre llevando a la
desorganización. La territorialidad pasa a ser irrespetada en el caso que no
sea mantenida a la fuerza. Todos los síntomas, en ese caso, colaborarían para
que ocurriera un colapso de la población o hasta la misma muerte en masa. Santini (1993, p.39) señala que el problema está en
el aumento considerable de la población en las grandes ciudades, que
imposibilita la privacidad de las familias. Este factor es agravado por la
especulación inmobiliaria que disminuye las residencias y transforma los
centros de las urbes en centros comerciales con precios e impuestos
altísimos. Ese alto precio puede ser compensado por su uso intensivo. A
partir de esto “la ciudad puede ser clasificada como un medio técnico, pues
es el ejemplo más contundente que se puede dar en el sentido de alteración
del medio ambiente”. Cuando la ciudad no es planeada, se torna una colcha de retazos de diferentes épocas,
observándose la existencia de jerarquías conforme el período y, con el
crecimiento tecnológico y económico, llevará a la aglomeración heterogénea
como también a una posible promiscuidad (ibidem). El hombre precisó dedicar buena parte de su tiempo
social para el trabajo, que ocupa parte central en la vida diaria, siendo las
24 horas divididas para realizar actividades específicas: un período de estos
es dedicado a actividades discrecionales, siendo el tiempo dedicado a ocio y
recreación un hecho originario de nuestra época (ibidem). Con el exceso de
carga horaria, el trabajador luchó por mejores condiciones, lo cual derivó en
la disminución de esa carga y el descanso remunerado. Surgió, como
consecuencia de esos eventos, una nueva figura social, el hombre-pos-trabajo, y el fenómeno del
tiempo libre. La actividad laboral en la industria se torna fragmentada y
alienante, precisando el hombre de tiempo libre para encontrar un sentimiento
de bien-estar y satisfacción
íntima, que igualmente le provea de la posibilidad de escoger la actividad a
realizar. Surgen entonces tres elementos esenciales en el ocio y la
recreación: el tiempo libre, la actitud con que es encarada la
actividad discrecional y el espacio de
ocio y recreación (ibidem). Con
el crecimiento desordenado y desequilibrado de las ciudades, el aspecto más
vulnerable, entre otros, fue el de los espacios para el ocio y la recreación.
El espacio urbano se transformó en un espacio para construcción, tornándose
el paisaje urbano en algo creado por el ser humano para habitar. Las áreas
libres que había ceden su lugar a avenidas, predios e industrias, quedando
poquísimo espacio para el ocio y la recreación. A partir de eso, adultos y
principalmente niños quedarán perjudicados: reducidos al cuarto de juegos, la
televisión, y paseos apenas el fin de semana. Surge, en ese momento, el
interés de pasear en el campo o la playa, donde existen espacios para
actividades que exigen esfuerzo físico en ambientes mas espaciosos, libres,
abiertos (ibidem). Según
Santini (1993, p. 43): “El citadino de la gran urbe
necesita de áreas próximas a su morada, para que en ellas practique
actividades de ocio y recreación y evite, principalmente, los desplazamientos
– factor de gran importancia en nuestros días por el consumo de tiempo
requerido por esta actividad”. En las ciudades grandes ocurrió la verticalización,
mas en los espacios liberados fueron
realizadas nuevas construcciones y no áreas de ocio y recreación. Existen áreas recreativas en los edificios,
mas no son las ideales. El campo de juego (play-ground), los árboles y el piso impermeable solo reproducen
un ambiente artificial. Sin embrago, en la vida urbana existe una búsqueda
inacabada por áreas abiertas (parques, plazas) y por eso éstas se tornan
lugares centralizadores de multitudes (ibidem). Dieckert (1983) presenta un modelo de
infraestructura de Ocio y Recreación y de Deporte para Todos en un barrio o
en una cuadra, teniendo como objetivo proporcionar un parque en la esquina, algo próximo de los
moradores. Ese modelo de parque comprende como mínimo la dimensión de un
manzana y no ultrapasa un barrio. Hoy un niño pequeño puede disponer de actividades de
ocio y recreación apenas en su propia casa o apartamento. Últimamente para
los niños de cinco a doce años, la distancia que es viable recorrer de la
casa de habitación al parque sería de 150 a 200 metros, dentro de la manzana.
Para adolescentes de doce a dieciocho años, la posibilidad de ocio,
recreación y deporte para todos seria en el barrio, con distancia de 300 a
400 metros. Cuando se trata de una franja etárea mayor, la posibilidad para
ocio, recreación, cultura en la ciudad o parte de la ciudad, puede ser en el
centro o hasta en la periferia, sin que necesariamente sea próximo a las
residencias de las personas. “Tales criterios deben ser respetados, cuando se
trata de ciudades en fase de urbanización y saneamiento. Tratándose de
ciudades desarrolladas, deberá ser hecho conforme a la disponibilidad de
terreno” (Dieckert, 1983, p.23). Analizando el factor ambiente, Neto (1993) apunta
que las áreas de preservación ambiental tienen un aumento significativo,
ofreciendo lugares apropiados para el desarrollo del ocio y la recreación.
Debe, por tanto, dársele la debida importancia a la preservación y cuidado para
que estas áreas no sean destruidas por la mala utilización que la población
puede hacer de ellas. Para que la forma de disfrutar de la naturaleza no sea
errada, es preciso establecer normas y criterios de utilización, observando
que cada área posee sus propias características. Bauzer,
citado por Neto (1993, p.74), hace un comentario importante sobre la
influencia de diferentes ambientes para el ser humano, afirmando que: “ambientes físicos naturales
o construidos provocan respuestas humanas diferentes, siempre complejas,
involucrando actitudes, sentimientos, expectativas, valores, deseos,
intenciones, recuerdos. El hombre no reacciona al ambiente físico ‘allá
fuera’, sino al ‘mundo internalizado’ que es, en rigor, diferente de persona
a persona. Incluso las respuestas de una misma persona, frente a ambientes
semejantes, varían en diferentes ocasiones”. Estos son algunos puntos importantes, que de ser
tomados en serio, podrían influenciar sobre las personas en la preocupación
sobre la importancia que el espacio de ocio y recreación representa para su
calidad de vida. Es ahí que entra el poder público como el gran regulador. EL PAPEL
DEL PODER PÚBLICO
Bramante (1993, p.164) señala que el ocio y la
recreación en nuestro país están afectados por la preservación del medio
natural y también por los criterios que definen el espacio construido,
existiendo tal reivindicación por un mayor espacio de área verde. “La
discrepancia, inicialmente cuantitativa, ya se hace sentir con la
preocupación del Poder Público en elevar el número de metros cuadrados por
habitante, por lo menos en los niveles recomendados por la ONU, que es de 12
metros cuadrados por habitante”. La calidad del espacio urbano es un factor
bastante importante que está despertando interés en distintos sectores de la
sociedad. Ello propiciará un impacto en
la calidad de la experiencia de ocio y recreación. Lo que la población requiere es un ambiente
natural sin polución y contaminación, y un ambiente artificial construido
armoniosamente. A partir del abordaje de Bramante (1993), existe un
punto crucial de responsabilidad del Poder Público que seria la implantación
de recursos urbanos de recreación y ocio y la calidad de los servicios
básicos. Un punto importante en la elaboración de otros espacios de
recreación está exactamente en el cumplimento de la legislación que define la
asignación de espacios institucionales en
nuevas urbanizaciones. Mas el área destinada por el urbanizador para
el ocio y la recreación es inapropiada (pendiente, hoyos), colocando en
riesgo la implantación de un equipamiento en esa área que, de acuerdo con la
legislación municipal, debe ser previamente analizada y aprobada. En cuanto a la implantación de recursos y
equipamientos de ocio y recreación, un punto básico que las administraciones
poco tienen en cuenta es el de investigar, conjuntamente con la comunidad,
cuales son sus intereses y necesidades. Quien desea algo, participa en la
toma de decisiones, acompaña el desarrollo de la obra y por último disfruta
de aquello que ayudo a decidir; tiene más posibilidades de comprometerse con
su cuidado y con su uso en experiencias significativas para si y, por tanto,
cualificadas. El gobierno, tanto municipal como estadual o
federal, precisa observar el hecho que la construcción de una instalación de
ocio y recreación representa solamente el 15% del costo total exigido para su
posterior mantenimiento. De allí que sea necesario prever un valor anual de,
en promedio, el 10% del valor de la construcción para fines de mantenerla y
de promover animación. Es de fundamental importancia observar en la
instalación de equipamientos de recreación la eliminación de las barreras
arquitectónicas, pues estas imposibilitan a las personas adultas mayores o
portadoras de deficiencias de disfrutar de esas áreas. “En la administración
del espacio urbano, en la medida en que la población busca nuevas
experiencias de ocio y recreación, un gran impasse estará en establecer un
equilibrio inteligente entre su uso y su preservación” (Bramante,1993, p.165). Referente a los equipamientos, Santini (1993) afirma
que el hombre siente necesidades durante su vida, y busca, a su rededor,
satisfacer esas necesidades constantes. Cuando estas son satisfechas, se vale
de este nuevo comportamiento para enfrentar otras situaciones que podrían
ocurrir en el futuro, de lo contrario, permanece en su búsqueda. Esas
necesidades pueden ser clasificadas en físicas, psicológicas y sociales,
siendo motivadas por factores externos o por el propio organismo. La
satisfacción ocurre a partir de algún objeto del medio ambiente. Según Santini (1993. p. 45): “Este
constante aprendizaje, a través del cual el hombre adquiere familiaridad con
los ambientes que frecuenta, hace que desarrolle sus capacidades de
orientación e identificación. En su nivel mas elevado, esas capacidades irán
a significar su total interacción con el mundo físico”. Se entiende, a partir de este abordaje, que el
hombre se siente como parte integrante del espacio, del ambiente en que vive,
consiguiendo orientarse, atribuyéndole significados importantes. Todo ser
humano desea esa interacción, así sea inconscientemente. Cuando percibe sus
sentidos de orientación e identificación debilitados, o cuando las
necesidades se tornan presentes, el hombre, procura explorar lo que está
cerca, buscando la satisfacción para restablecer su imagen ambiental. A
partir de esto, el concretiza su espacio existencial, utilizando la creación
o la modificación del espacio físico (Santini,1973). Los planificadores de los espacios procuran
organizar, a partir de un principio de orden, códigos que posibiliten a la
población utilizar el espacio y equipamientos, posibilitando la formación de
nuevos hábitos urbanos, desarrollando posibilidades de selección (ibidem). Uno de los aspectos que debe ser tenido en cuenta
antes de elaborar un proyecto para una instalación física para ocio y
recreación es la realización de una investigación diagnóstica de necesidades
junto con los futuros usuarios, que considere lo que las personas desean y no
pueden, que establezca las prioridades, observando lo que fue más destacado
por la mayoría. Por ello, el proyecto
además de tener en consideración los intereses de la mayoría de la comunidad,
y de los grupos marginados (deficientes, niños, etc) debe ser elaborado por
un equipo multidisciplinar (ingeniero, arquitecto, profesional de la
educación física, sociólogo, representante de la comunidad etc.) y tener en
cuenta que este espacio satisfaga a todos los contenidos culturales del ocio
y recreación. El entendimiento que se hace de los contenidos culturales se
basa en Dumazedier (1980) y Camargo (1986) para los cuales los contenidos
culturales del ocio y recreación son: social, turístico, artístico,
físico-deportivo, intelectual y manual representados según Müller (2002) en
esta sigla (STAFIM)[2][2], y no aquel reducido solamente a un contenido: el
físico-deportivo. Así, conforme a Santini (1993, p.46): “el espacio precisa ser organizado observando los
aspectos físicos y mecánicos del movimiento propuesto, debiendo ser ordenado
y animado a partir de los aspectos psicológicos de este mismo movimiento. En
el momento de implantar el ambiente urbano, se deben observar cuatro
factores: tiempo, espacio, significados
y comunicación. Tiempo y espacio que las personas necesitan para vivir;
significados en el momento que son bien manipulados auxilia al hombre a
percibir lo que hacer en el ambiente; comunicación se establece en el
espacio, momento entre personas o
persona y objeto”. Para abordar los equipamientos, se nota que surgen
dos formas de análisis: 1º) Equipamiento y espacio se confunden, siendo, a
veces, interpretados como sinónimos; 2º) Equipamiento y espacio se
diferencian, pues el espacio es considerado soporte para los equipamientos y
mobiliarios, por tanto los equipamientos son objetos que organizan el espacio
para un tipo de actividad. Siendo así, existen dos conceptos operacionales al
respecto de los equipamientos de ocio y recreación: una sería el conjunto de instalaciones que sirven de apoyo a
las actividades, y el otro concepto serían las instalaciones específicas (cuadra, plaza, pista), observando el
uso dado a ellas (ibidem). Al ser proyectado un espacio
con equipamientos para el ocio y la recreación, necesariamente se deben tener
en cuenta los contenidos o intereses en la materia, para que se contemple el
mayor número de opciones posibles, para que los usuarios vivencien
experiencias significativas, de calidad y diversificadas. Ello permitirá que
el espacio creado pueda ser un espacio pedagógico que ofrezca la oportunidad
para que las personas sean educadas para y por el ocio y la recreación. Seguidamente se presenta tablas con los equipamientos,
instalaciones y tipologías de ocio y recreación extraídas de Santini (1993, p. 49 – 53): TABLA 1 - Equipamientos
de ocio y recreación
CORONIO, G., & MURET, J. P. Loisirs – Guide pratique des équipements, Centre
de Recherche D’Urbanisme, Paris, 1976. TABLA 2 - Equipamientos e instalaciones de ocio y
recreación
Nota:
Estudio elaborado por Wilson Luis Pina e complementado por la Profª Rita C.
Giraldi Santini. TABLA 3 - Tipología de los equipamientos de ocio y
recreación
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