SOCIEDAD COLOMBIANA DE ARQUITECTOS

 

 

 

ARQUITECTURA Y ESPACIOS PARA LOS NIÑOS

 

 

But tell me, where do the children play?

(¿Pero dime, dónde jugarán los niños?) 

Cat Steven

 

La ciudad constituye el escenario de las actividades de la vida cotidiana no solo en términos espaciales sino también temporales, es decir históricos. En su ámbito se desarrolla el proceso de evolución y crecimiento de la vida humana, desde su nacimiento hasta los últimos días de nuestra existencia y, posiblemente, no solo nuestros recuerdos sino también la huella de nuestro tránsito por el mundo dejará su impronta en documentos tangibles que otras generaciones heredarán como legado y además se perpetuarán como manifestación de nuestra tradición, y nuestra cultura. 

 

Durante el lento transcurso de los primeros años de vida, la actividad de los niños se encuentra circunscrita a los espacios arquitectónicos de su hogar y la posibilidad de desplazamiento depende del tiempo que le dediquen sus padres en el entorno más próximo de su residencia, en los parques del barrio o el jardín infantil.

 

Por ésta razón resulta necesario que los barrios y urbanizaciones sean planificados con una disposición de servicios al infante en un sector próximo a la casa de manera que puedan acceder y disfrutar de  éstos servicios peatonalmente.

 

La ubicación planificada de servicios comunitarios en función de los niños (y los ancianos) constituye un indicador de calidad de vida de nuestras ciudades.

 

Las nuevas urbanizaciones deben contemplar esta variable como una determinante de planificación urbana para garantizar una movilización segura y el derecho al disfrute  de la recreación, al deporte y la cultura, en un entorno medioambientalmente sano que estimule el desarrollo de las funciones psicomotrices y al mismo tiempo propicie la consolidación de generaciones de colombianos física y emocionalmente sanos.

 

Los entornos urbanos hostiles, carentes de espacio público, ausentes de zonas verdes y sin opciones de recreación o diversión para los niños, constituyen núcleos en donde germina la neurosis, el vandalismo y la agresión infantil y juvenil, que a la postre, se convierten en caldo de cultivo para la delincuencia y la drogadicción.

 

De ésta manera la ciudad, lo urbano, - ese espacio exterior a donde es conducido de la mano el niño o en donde es arrojado por el abandono -, es un elemento que perfila o potencia las virtudes o las limitaciones de los infantes.

 

Durante la década de los setenta se puso muy en boga una pieza musical del cantante pop Cat Stevens, quien se preguntaba “dónde jugarán los niños”, cuestión que traducía las inquietudes de un ciudadano que advertía las consecuencias de una ciudad moderna, concebida como una “máquina para vivir”, dimensión en la cual no se tenía en cuenta la presencia de los niños, ni la asignación de espacios para las funciones lúdicas y desarrollo personal, como tampoco en el modelo (escala humana) o “modulor” que definía los tamaños del mobiliario, de la casa y por extensión, del espacio exterior. 

 

Esta concepción racionalista, centrada en una escala humana abstracta, que no contemplaba los diferentes estadios emocionales del ser humano a lo largo de las sucesivas etapas del desarrollo y crecimiento, entraña, igualmente, no solo diferentes estaturas que exigen diferentes tamaños de mobiliario y espacios coherentes con dichas etapas, sino también la conciencia de que la aproximación al espacio arquitectónico y al territorio de lo público se desarrolla en escalas progresivas de desplazamiento, aproximación, comprensión y apropiación del entorno.

 

¿Percibimos siempre la ciudad de la misma manera a lo largo de toda nuestra vida? ¿Aquella casa o colegio aparentemente grandes de la infancia, nos siguen pareciendo enormes?

 

Durante mucho tiempo, con el vertiginoso proceso de crecimiento y urbanización de nuestras ciudades capitales, se desconoció la necesidad de disponer espacios y edificaciones para la niñez, más allá de lo estrictamente necesario, como la escuela o el jardín infantil. Incluso allí, donde la normativa urbana exigía taxativamente la disposición de espacios recreativos para juegos infantiles, los especuladores urbanos asignaban el área residual de más difícil diseño, construcción o uso, y aún así, muchas de éstas áreas de cesión interna o externa de las urbanizaciones terminaron por ser privatizadas y construidas.

 

A lo largo de las últimas décadas los arquitectos hemos diseñado instalaciones arquitectónicas y mobiliario urbano para superhéroes (los superhéroes no tienen bebés ni crían niños) como si nunca hubiéramos pasado por la infancia o no fuéramos a llegar a la tercera edad.

 

En el transcurso de los últimos años, las entidades municipales han reconocido el importante papel que juegan los niños como semilleros del futuro.

 

Con frecuencia se observa en los medios un creciente interés por divulgar las políticas educativas y culturales, desde las diferentes instancias territoriales, tanto nacionales como regionales y municipales, al difundir programas que garanticen mejores condiciones de participación en la construcción de una sociedad a partir de la infancia.

 

Dichos esfuerzos se traducen físicamente en las principales ciudades del país, especialmente en Bogotá, en donde cabe destacar, el fenómeno de transformación urbanística y arquitectónica, al impulsar la ampliación de la cobertura escolar a través del diseño y ejecución de nuevas instituciones educativas públicas, concebidas a partir de estándares de alto nivel, redes de bibliotecas, de gran formato, en sectores de escasos recursos, al igual que la planificación de un sistema de parques y espacios lúdicos de diversa índole, y donde además, se ha considerado la recuperación del espacio público, espacio de todos, como una de las principales estrategias para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos; estrategia que se ha convertido en un modelo paradigmático que tiende a multiplicarse en el resto del país.

 

De la mano con la atención que se le ha prestado al espacio público a nivel distrital y nacional, se puede esperar que estos lugares eminentemente peatonales, - y considerando que la escala de desplazamiento y percepción del niño es la escala peatonal -, garanticen las condiciones para la socialización, la comunicación y la tolerancia en el marco de una ciudad educadora y democrática que apunte hacia derroteros en los cuales la convivencia nos augure futuros de solidaridad y conciliación nacional.

 

La formación familiar y escolar moldean procesos culturales de respeto y tolerancia, sin embargo, además de la palabra, la calidad medio ambiental que le imprimen los espacios arquitectónicos bien concebidos consolidan las lecciones cotidianas sobre civismo y cultura ciudadanas.

 

Cuando se concibe el espacio público, es necesario tener presente que los usuarios mas asiduos de estas áreas son los infantes (al igual que el adulto mayor), y por tanto esta premisa nos sugiere que en principio y en la práctica, el diseño arquitectónico y urbanístico, debe abordarse contando como punto de partida con ellos, como destinatarios principales.

 

La contribución del arquitecto se ha traducido en el diseño y construcción de megabibliotecas, bibliotecas de barrio, jaradines, centros infantiles y educativos, parques de bolsillo, alamedas, ciclorrutas, en respuesta a la voluntad política de los gobernantes y como una manifestación tangible de la contribución del ejercicio profesional de la arquitectura a la niñez colombiana.

    

Desde el proceso de formación profesional, debemos tomar conciencia de que a través de nuestra práctica, será preciso comprender el universo infantil, primero desde una perspectiva que los incluya como actores y sujetos reales de nuestras propuestas arquitectónicas, con el fin de proporcionarles un entorno que estimule el desarrollo de sus potencialidades individuales y colectivas y al mismo tiempo, genere, en estos espacios de encuentro, una cultura de convivencia armónica, que los convertirá en un futuro, en ciudadanos responsables y comprometidos con los retos que conlleva la construcción de una sociedad mas justa y equitativa.

 

Bogotá, abril de 2003

 

RODOLFO ULLOA VERGARA

Sociedad Colombiana de Arquitectura

Presidente Nacional

 

 

 

 

 

 

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