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Ximena Combariza Echeverri 6 Introducción Este documento ha sido elaborado para presentarlo en
el III Encuentro Nacional de Educadores Experienciales, en Manizales, Colombia,
del 1º. al 4 de Septiembre de 2005, y se basa en el artículo preparado como
complemento del Taller de “Formación Básica de Facilitadores en Aprendizaje
Experiencial al Aire Libre”, que facilité en el II Encuentro Latinoamericano de
Facilitadores, realizado en Cochabamba,
Bolivia, en Noviembre de 2000. El
propósito de este taller, y del presente escrito, es compartir algunas
reflexiones sobre aspectos de vital importancia en el aprendizaje experiencial,
reflexiones hechas a partir de mis propias vivencias y aprendizajes a lo largo
de más de 10 años de desempeño como facilitadora, así como con base en los
aportes de numerosos compañeros y/o colegas, de muchos participantes en diversos
talleres y de algunos reconocidos autores en el campo de las ciencias
sociales. Es mi deseo que estas
reflexiones contribuyan de alguna manera a que quienes trabajamos con el
aprendizaje experiencial hagamos un mejor uso de esta maravillosa metodología y
logremos, entonces, no sólo servir más efectivamente a nuestros “clientes”,
sino también aportar con nuestro trabajo a la solución de la compleja
problemática social que atraviesan Colombia y algunos otros países
latinoamericanos. 1. Los Métodos Activos de
Aprendizaje Son un amplio conjunto de metodologías en las que quien aprende juega un
papel activo, no de simple receptor; actúa, usa su potencial, busca, saca de sí
mismo/a, en otras palabras “aprende haciendo”. Pueden utilizarse estas metodologías
para lograr diversos objetivos, desde el facilitar la información y/o
comprensión de conceptos, el logro de un mejor autoconocimiento o conocimiento
de otros, hasta el desarrollo de habilidades, la consolidación de equipos de
trabajo, y el uso de herramientas y métodos para el manejo de problemas
específicos, entre otros. Algunas de las principales ventajas de estos métodos son: -
Constituyen un ambiente paralelo al ambiente laboral/social real, en el
cual no se generan las resistencias “normales” en estos ambientes. -
Facilitan la obtención de resultados en un tiempo más breve y una mayor
estabilidad de estos en el tiempo. -
Favorecen el aprendizaje en personas con diferentes estilos para
aprender. -
Permiten trabajar temas profundos con personas con las que no ha
habido mayor contacto previo. -
Ofrecen
un espacio apropiado para la
experimentación de nuevas ideas y enfoques, conducentes a la solución de
diversos problemas. -
Estimulan el
desarrollo del pensamiento crítico y del pensamiento creativo; permiten el
aprendizaje de nueva información a través del compromiso y la participación, más que a través de la memorización. Alejándonos de las clasificaciones formales, técnicas y estrictas,
dentro de los métodos activos de aprendizaje podríamos incluir, entre otros: el
método socrático de las preguntas; algunas formas de aprendizaje por ensayo y
error; los mapas conceptuales; el método
de proyecto; el método de casos; el aprendizaje colaborativo; y el aprendizaje
vivencial o experiencial en sus diversas formas. 2. Qué es el Aprendizaje Experiencial Para
John Dewey, “toda auténtica educación se efectúa mediante la experiencia”. Él
consideraba que el aprendizaje
experiencial es activo y genera cambios en la persona y en su entorno y no sólo
va “al interior del cuerpo y del alma” del que aprende, sino que utiliza y
transforma los ambientes físicos y sociales. Según
María Begoña Rodas, “el aprendizaje experiencial, más que una herramienta, es
una filosofía de educación para adultos, que parte del principio que las
personas aprenden mejor cuando entran en contacto directo con sus propias
experiencias y vivencias, es un aprendizaje “haciendo”, que reflexiona sobre el
mismo “hacer” . Por su
parte, el Instituto Tecnológico de Monterrey plantea que el aprendizaje
experiencial influye en el estudiante o aprendiz de dos maneras: mejora su
estructura cognitiva y modifica a la vez las actitudes, valores, percepciones y
patrones de conducta. El aprendizaje no es el desarrollo aislado de la facultad
cognoscitiva, sino el cambio de todo el sistema cognitivo-afectivo-social, que
es justamente el que se hace posible mediante el aprendizaje experiencial. Creemos que,
de manera similar a lo que ocurre en la psicoterapia guestáltica, una buena parte del
valor de la experiencia como método de aprendizaje, en particular si es de tipo
lúdico y no amenazante, radica en la posibilidad que da al individuo de “darse
cuenta” de cómo se siente y/o cómo actúa en algunas situaciones, a la vez que
puede reconocer su propio potencial, sin estimular, como ya lo dijimos, las
resistencias generadas usualmente en otros ambientes. En la
vivencia, en el juego acertadamente estructurado y bien dirigido, dentro de un
ambiente propicio (e independientemente de su “complejidad”), el individuo actúa
con mayor espontaneidad, se comporta más como realmente “es”, que como suele
actuar o como cree que “debería ser”
(suposición probablemente establecida por el grupo social, por su familia, por
la organización). Este tipo de “juego” o
dinámica constituye, adicionalmente, una invitación al individuo a
“arriesgarse” a mirar desde otras perspectivas, a actuar de maneras diferentes
a las usuales. Además, ofrece una oportunidad de trabajar con “el aquí” y el
“ahora” y generar cambios reales. Cabe resaltar
aquí que no creemos en el viejo adagio de “la letra con sangre entra”. Es bien
sabido que las situaciones amenazantes para el individuo, las actitudes
hostiles, las exigencias excesivas, suelen generar miedos y resistencias; con
miedo es más difícil reflexionar y aprender y resulta entonces más fácil
aferrarse a lo conocido, seguir igual, no cambiar…. Dentro del aprendizaje
experiencial se destaca el Aprendizaje
Experiencial al Aire Libre (del inglés “outdoors learning”), poderosa
herramienta de capacitación, desarrollo y mejoramiento utilizada en empresas e
instituciones de todo el mundo y cuyo desarrollo ha sido liderado por
instituciones como “Project Adventure” en los Estados Unidos de América, y el
“European Institute for Outdoor Adventure Education and Experiential Learning”.
Ésta es una de las más completas metodologías de aprendizaje, pues combina lo
lúdico, la superación de obstáculos, la actividad física, el trabajo corporal,
el contacto con la naturaleza, el trabajo grupal y procesos de reflexión,
conceptualización y aplicación de lo aprendido a la vida diaria. A pesar
del carácter lúdico de esta
metodología, en este profundo análisis y
contextualización está su diferencia principal con la recreación, que tiene sus
propias e importantes aplicaciones también. No obstante el gran valor y utilidad del
aprendizaje experiencial al aire libre, consideramos hoy que es posible obtener
resultados similares con otras formas de aprendizaje experiencial, de más
sencilla aplicación y menores costos y, por tanto más accesibles a
diversos tipos de grupos e individuos,
independientemente de su tamaño y capacidad de inversión (en tiempo, energía,
recursos, etc.). Por esta razón, continuaremos
refiriéndonos aquí al aprendizaje experiencial en general. 3. El Ciclo del
Aprendizaje Experiencial
Este ciclo ha sido descrito ampliamente por autores como David
Kolb y Chris Argirys, y explica claramente el proceso mediante el cual una
experiencia puede llegar a producir un nuevo conocimiento o aprendizaje, que es estable en el tiempo y se traduce en
nuevos comportamientos en las actividades del individuo. Este ciclo se compone
de las siguientes cuatro fases: 1. LA EXPERIENCIA La actividad o vivencia
2. OBSERVACIÓN Y REFLEXIÓN ¿Qué pasó?
3. CONCEPTUALIZACIÓN Eso significa ...
4. APLICACIÓN ¿Y ahora qué?
Las fases 2, 3 y 4 constituyen el “procesamiento” (en inglés el
“debrief”) de la actividad, que es uno de los ejes del aprendizaje
experiencial. El aprendizaje experiencial se basa en el supuesto de que el
conocimiento se crea a través de la transformación provocada por la experiencia
concreta, la cual es trasladada a una conceptualización abstracta y ésta a su
vez es probada activamente a través de nuevas experiencias. (Fuente: Foro
virtual LEARNET – Comunidad virtual en teleinformación - www.comminit.com/la/teoriasdecambio). El comienzo del ciclo siempre es
práctico: actuar, hacer algo, para después poder explorar sobre la base real.
Esta exploración - apropiadamente guiada - proporciona información de calidad.
Dicha información estructurada y secuenciada forma la base de una nueva
comprensión práctica y operativa de la situación. Esta nueva comprensión, a su
vez, constituye una nueva base a partir de la que actuar y así vuelve a
comenzar el ciclo de aprendizaje y cambio (Fuente: http://www.sctsystemic.com). 4. Elementos Básicos del Aprendizaje
Experiencial En
éste tipo de aprendizaje interviene un amplio número de elementos, relacionados
unos con la esencia misma de la metodología y otros con el manejo del proceso,
cuyo adecuado manejo es decisivo para garantizar su riqueza y efectividad. A
continuación se describen brevemente los elementos básicos y se plantean
algunas consideraciones para su buen manejo: 4.1.
Establecimiento de Objetivos y Diseño del Programa Como
todo buen facilitador/a sabe, el éxito (o fracaso) de cualquier programa
empieza a construirse desde los primeros contactos con el cliente. Son
elementos decisivos: una adecuada investigación de necesidades y
características del grupo objetivo; un conocimiento del entorno, una mirada
integral al sistema cliente; un diseño conjunto, que responda a tales
necesidades y características; una buena ubicación del contexto del cual hace parte
la intervención, y un claro acuerdo sobre el tipo de trabajo a realizar, sus objetivos, alcance y requerimientos. 4.2. El Contrato Psicológico Consiste en el establecimiento
de “reglas del juego” y metas de aprendizaje grupales e individuales, para que
el grupo pueda ir más allá de “pasar un buen rato juntos”. Busca constituir el
taller en un espacio educativo seguro y efectivo y el grupo en una “comunidad
de aprendizaje”. Normalmente se efectúa al inicio del taller, con base en los
aportes y la explícita aprobación y compromiso de todos los participantes y el
facilitador/a. Usualmente, es conveniente que este contrato permanezca a la
vista de todos a lo largo del taller, recordando a todos (quizás sutilmente)
los compromisos adquiridos al aprobarlo. Para ser completo y efectivo,
un contrato debe considerar, como mínimo, los siguientes elementos: o
Cuidado de la seguridad física y emocional de todos
los participantes.
o
Creación y mantenimiento de un ambiente propicio.
o
Tipo de comunicación
requerida y/o aceptada.
o
Actitudes deseadas hacia el aprendizaje, los
compañeros, el facilitador/a y las actividades.
o
Metas específicas de aprendizaje que el
grupo se fija, en coherencia y/o más allá de las establecidas en el contrato
con los directivos de la entidad. Creemos que, aunque hay diferentes maneras de construir un contrato
entre participantes y facilitador/a, el iniciar intervenciones sin
el establecimiento de unas reglas del juego, o con la participación de sólo una
parte del grupo en la construcción y aprobación de las mismas, es arriesgarse
al fracaso o a la aparición de conductas disociadoras que pueden afectar el
clima de trabajo y los aportes de los participantes, dificultando así el logro
de los objetivos. 4.3. Manejo del Ambiente y del Grupo El éxito del taller depende en gran medida del ambiente en que
éste se desarrolle y, como ya lo mencionamos, tal ambiente empieza a crearse
desde el momento mismo en que se hace el acuerdo inicial con el “cliente”. Es
más fácil construir un buen clima si el cliente
está realmente interesado en el taller y dispuesto a aceptar y utilizar
positivamente lo que de éste resulte, si los participantes vienen con gusto y
saben a qué vienen o tienen al menos una expectativa positiva, y si el lugar
donde se realiza el evento es cómodo y agradable. A partir de la llegada al sitio donde se realiza el taller, la
generación de un buen ambiente obedece básicamente al trabajo del
facilitador/a: la presentación que haga de sí mismo (“un facilitador/a” vs “el
experto”) y del taller (un espacio de construcción colectiva sobre un tema
importante para todos vs un espacio para mostrar sus conocimientos); su actitud
personal hacia cada uno de los participantes (empatía y respeto vs distancia y
descalificación sutil); su habilidad para “leer”, conducir, integrar al grupo y
facilitar el desarrollo de sinergias, así como para manejar a los participantes
y/o situaciones difíciles; la claridad de las reglas del juego establecidas y
su habilidad para “hacerlas cumplir” y, finalmente, la definición con el grupo
de metas de aprendizaje claras y concretas, que le den un sentido al evento y
promuevan la participación activa de todos en la búsqueda de alcanzarlas. Consideramos que el ambiente “ideal” es el que denominamos “un
ambiente seguro de aprendizaje” y desde el inicio del taller invitamos
a todo el grupo a construirlo y mantenerlo, obteniendo siempre una excelente
respuesta a esta invitación. Definimos este ambiente como aquél en el cual: o
cada participante puede comportarse en
el taller tal como “es”, sin necesidad de ponerse algún tipo de máscara... o
las opiniones y aportes de todos tienen
el mismo valor; todos son escuchados; todos respetan y son respetados o
es posible dar y recibir; pedir y
obtener; entender y no entender; estar de acuerdo y no estarlo; saber o buscar
saber... Por otra parte, es
importante tener en cuenta que muchas de las actividades que se realizan en el
aprendizaje experiencial pueden implicar riesgos físicos y/o emocionales (de
diversos grados) para los participantes y es tarea primordial del facilitador/a
cuidar la seguridad de todos y disminuir al máximo tales riesgos. Con el fin de evitar
riesgos emocionales innecesarios (algunas veces es precisamente un
impacto psicológico profundo lo que se requiere generar), el facilitador/a
debe promover en cada participante la confianza, en sí
mismo y en los demás; dar y propiciar el
reconocimiento de manera sincera y generosa;
estimular la comunicación entre todos, y calcular los riesgos, temores y
posibilidades de éxito. En
relación con el cuidado de la seguridad física de todos los participantes, deben tenerse en
cuenta: las condiciones de los participantes; el uso de elementos en buen
estado, de vestuario y calzado apropiados y de elementos de protección en caso
necesario; el tener cuidado con los
“ensayos” de nuevos ejercicios, en especial de aquellos que puedan implicar
especiales riegos físicos o emocionales, y el contar con personal de apoyo en
caso necesario. Y lo más importante: lograr el compromiso de todo el grupo con
el cuidado mutuo y el mantenimiento de un ambiente seguro, tanto a nivel físico
como a nivel emocional.
Un
aspecto decisivo en el mantenimiento de un ambiente propicio para el
aprendizaje y en la obtención de
resultados satisfactorios, está relacionado con lo que los expertos en
“outdoors learning” llaman el “reto
por opción”. Este implica que cada participante debe tener en todo momento la posibilidad de escoger su
propio nivel de involucramiento o participación en cada actividad, de medir
hasta qué punto salirse de su “zona de comodidad”, y esta opción debe ser respetada por el
facilitador/a y por el grupo. No obstante, es conveniente a la vez no permitir
que alguien se margine, así como desarrollar la habilidad para percibir cuándo un
participante en particular requiere de un afectuoso y respetuoso “empujón”,
para arriesgarse, reflexionar sobre sí
mismo, actuar, lograr el resultado esperado y obtener al final una positiva
sensación de logro, un incremento de su autoestima y mayor confianza en sí
mismo y en los demás, resultados que suelen constituir de hecho uno de los
mayores aportes de esta metodología. El sustento y la forma de presentación del
reto por opción giran alrededor de expresiones como: “Quien decida meterse a
fondo en el taller disfrutará más, aprenderá más y se llevará más para sí mismo
y su trabajo. Quien decida arriesgarse menos, disfrutará menos, aprenderá menos
y se llevará menos, para sí mismo y su trabajo”. Lamentablemente, hemos escuchado con mucha
frecuencia quejas de organizaciones y personas que se han sentido vulneradas,
amenazadas y/o maltratadas como participantes en talleres con metodología
experiencial. Algunos “facilitadores”
parecen dar poca importancia al sentir de los participantes o parecen
creer que por estar “dirigiendo” al
grupo tienen derecho a exigir la participación total, en las actividades que
ellos determinen y en la forma en que lo consideren. Creemos que esto no sólo no contribuye al
logro de un buen aprendizaje, sino que puede constituir un verdadero irrespeto
a las personas, absolutamente incoherente con la ética de la facilitación.
Además, estas experiencias negativas comentadas de una persona a otra, de una
organización a otra hacen que muchos rechacen esta valiosa metodología. 4. 4. El Procesamiento
Este es uno de los ejes de la metodología; la parte de la
actividad que permite convertir la experiencia en aprendizajes y cambios
comportamentales e ir más allá del rato de encuentro y diversión. Consiste en
un proceso de reflexión que se realiza después de cada ejercicio, cuyo objetivo es hacer concreto, evidente y
“palpable” lo aprendido y estimular compromisos de cambio personales y/o
grupales. En el aprendizaje experiencial pueden utilizarse diversas formas y
niveles de procesamiento, de acuerdo con las características y necesidades del
grupo, los objetivos buscados en el taller, lo ocurrido en una determinada
actividad y el nivel de experiencia del facilitador/a. Los niveles de
procesamiento van desde el “simple” examen de los hechos y los sentimientos
vividos por el grupo en general durante la actividad y luego la conexión de
estos con la vida real, hasta crecientes niveles de profundidad que conduzcan a
una honda introspección personal; a la
conexión de la actividad con eventos, situaciones huellas, etc. importantes en
la vida del individuo, y a la disposición a hacer cambios trascendentes que
representen un crecimiento personal
significativo. También a nivel colectivo pueden realizarse reflexiones
más profundas y que impliquen compromisos de cambio cada vez más importantes. El procesamiento de las actividades puede hacerse a través de el
diálogo, la reflexión individual en silencio, la reflexión escrita, el dibujo y/o la
escenificación, siendo el diálogo la forma más sencilla y común. Por otra
parte, es frecuente encontrar que, de acuerdo con las características del facilitador/a (conocimientos,
experiencias, enfoque, intereses personales), el procesamiento puede hacer más
énfasis en uno de los siguientes aspectos: lo conceptual, el ”darse cuenta”
individual, lo pragmático, etc. Por lo general, un buen procesamiento se caracteriza por: o
Se efectúa inmediatamente después de la actividad, de
ser posible en el mismo lugar.
o
Es efectuado por
el grupo, con la participación de todos y guiado por el
facilitador/a. Una parte esencial de cualquier metodología vivencial es el
mantener hasta el final a cada persona activa, aportando, sacando de sí misma y
no simplemente recibiendo observaciones o “pequeñas conferencias” por parte del
facilitador/a (o de alguno de los miembros del grupo), lo que puede además
producir un “bloqueo” de la actividad creativa e introspectiva del
participante.
o
Culmina, como mínimo, con el claro
reconocimiento de aquellas cosas que merecería la pena cambiar e idealmente, con la expresión franca de
compromisos de cambio. Como habíamos mencionado anteriormente, en
la realización de un buen procesamiento radica
la diferencia principal con las actividades recreativas. Diseñar o
elegir una excelente actividad y administrarla bien, sin efectuar luego un
procesamiento, no garantiza el aprendizaje. De esta manera se deja en manos de
cada participante la posibilidad o no de hacer su propia reflexión, y
probablemente ocurre que sólo algunos la hacen. Adicionalmente, aún quienes
lleven a cabo una buena reflexión por su propia cuenta están perdiendo la
posibilidad de enriquecer ésta en el intercambio de ideas con los demás
participantes. Un
ejercicio completo de procesamiento se
compone de los siguientes elementos, en esta secuencia, que se ajusta al
proceso de todo aprendizaje vivencial:
1. Observación
– Reflexión : Recordar qué pasó durante la actividad, “devolver la película”.
Indagar primero hechos y luego sentimientos/emociones asociados.
2. Abstracción
– Conceptualización: Considerar el valor de lo vivido para el grupo y/o para
cada uno. Expresar qué se aprendió. Entender el significado a la luz de
conceptos relacionados. (Ejemplo: “esto
ocurrió porque el trabajo en equipo permite ...”).
3. Aplicación
a la vida real: Buscar conexiones entre lo vivido en el ejercicio y “la vida
real”: ¿pasa lo mismo?, ¿nos comportamos igual?. Luego, ¿cómo se aplica lo
aprendido a la vida personal y/o laboral?.
4. Compromiso
de cambio: Revisar inicialmente, el desempeño personal en la actividad (lo
positivo y lo negativo, lo que sirvió y lo que no sirvió, etc., lo cual suele
hacerse en silencio) y proponerse al menos una acción concreta de mejoramiento.
¿Qué vas a hacer entonces?. El compartir estas respuestas puede ser voluntario.
También deben buscarse, según el caso, compromiso colectivos de cambio.
Ejemplo: “en adelante empezaremos la planeación de cada actividad con el
nombramiento de una persona que asigne el turno para hablar”. |